viernes, 31 de octubre de 2008

Memorias de un Cantautor Desguitarrado por Europa (parte X y última)

Las despedidas y Madrid.

Uno va dejando sus pedazos en cada despedida; ha sido así cuando he dejado atrás todas las ciudades: el majestuoso París, la Barcelona gótica con "barman y droguin" incluidos, el tranquilo Toulouse y su encantador río, los muy muy puertos de la Coruña y Gijón, la beatífica ciudad de Santiago de Compostela, la acogedora Andalucía ("el corazón que a Triana va nunca volverá...") e incluso aquel lejano Stuttgart con sus habitantes extraños y mis grandes afectos hacia una mexicana que vive ahí. Pero dejar atrás Madrid... con su frío y su lluvia y esta Humphrey Bogart de muslos navegables (porque hemos acordado que "siempre nos quedará Madrid"). Entonces dejar atrás Madrid es dejar muchos pedazos y "morirse un poco". Y ganas no me faltan de escuchar muy mecanescamente un "quédate en Madrid" y cometer una locura; porque como bien sabrán todos, loco sí que soy. Total. A las diez de la mañana tengo que depositar mi escueta humanidad en Barajas, hacerme viajero frecuente de Spanair y casi casi hacerme acreedor a un viaje gratis, y por último - pero no al final, para utilizar una más de mis tantas muletillas-, despedirme de mi flaca en el lugar que nos conocimos. Super romántico, ¿no? Esbozo una gran sonrisa mientras lo escribo. En fin, que Casablanca es la película adecuada para el momento. Los aviones que parten y los afectos que se van quedando y las jodidas distancias y los atlánticos y este ser patético que soy yo (el sr. Loveland diría que soy tan cómico como el Romeo de Shakespeare. Una comedia, ¿no?). Pero que así es esto de la vieja Europa y los océanos y los múltiples afectos.
Mis estimad@s, las borracheras por venir y todo lo demás que nos espera. Un abrazo muy grande y un beso igual para quien corresponda.

Ingrid Bergman.