viernes, 31 de octubre de 2008

Memorias de un Cantautor Desguitarrado por Europa (parte IX)

Un cantautor en apuros (parte II)

Madrid, España. 5 de noviembre 2000.

Que no que no, que sí que sí y este pinche cantautor que sigue aquí. Y bueno, que a veces uno se olvida de la guitarra... pero siendo tan versátil (¡joer!). Y si Jaime Sabines era un peatón, Juan Manuel Carpio bien que puede ser un ¡pintor! De brocha gorda por supuesto, aunque sin overol; es más, que digo sin overol, ni gorrita de pinturas Sherwin Willians. Pero pintor sí que lo es; en el restaurante de Joaquín Sabina (La Mordida) y todo el rollo. Esto a partir del sábado 4 de noviembre a las 10 de la mañana (¡pésimo horario para un trasnochador!) por la nada despreciable cantidad de $20,000 pesetas (algo así como mil pesos mexicanos) y por pintar dos paredes pequeñitas. Lo disfrutaría mucho más si tuviera un Ph. D., pero no se puede todo en esta vida. Y si bien no hay una salvadoreña llamada Fernanda María de la Trinidad del Monte Montes que diga: qué lindo, qué alegre. Esta madrileña que responde al nombre de Patricia de la Cueva García, muy muy alta y etcétera, que a veces no se siente tan alegre por lo que hago y quizá tampoco le parece tan lindo lo que digo ¿o será que lo piensa desde sus silencios? (aquí debo agregar que ella insiste en que soy un exagerado y un mentiroso y todo parece indicar que no me cree. Pero flaquita alta, que vos sos muy linda y que "ahora que ya no sé si estaremos más en este mundo/ tan sólo sé/que quiero estar contigo"). Pero bueno, finalmente me acompaña y en ocasiones me presta sus labios y su boca y muy rara vez, pero de vez en cuando, sus brazos, y hace que este Madrid bastante frío y lluvioso sea el mismísimo paraíso viviéndolo desde las entrañas...

Juan Manuel Carpio, un cantautor desguitarrado.