Con un viaje planeado y ya semi pagado a Manzanillo, me enteré de la paticipación de Bela Fleck en la décima edición del FIP (Festival Internacional de Puebla). Si bien Bela Fleck es un grupo que me gusta pero que no me emocionaba horrores, a pesar de contar con Victor Wooten en el bajo (siendo yo bajista), me quedaba claro que si venían a Puebla, era bastante grosero perdérmelos. Así que con el viaje en puerta y la falta de pago por parte de mis deudores, decidí que tenía que comprar un boleto, aunque fuera de los más baratos.
Cincuenta pesotes para ver y escuchar a una muy buena banda.
Nada mal, así que -aunque no lo crean- con trabajo conseguí el dinero para la entrada y partí con rumbo al Museo de San Pedro (recinto que ha cambiado tantas veces de nombre, que bien podrían referirse a él simplemente con el nombre de las calles).
Llegué a las 7:30 P.M. Media hora antes del concierto. Esperaba a unos amigos, pero en vista de que no llegaban, decidí entrar y encontrarlos dentro del museo más tarde.
La revisión de rutina en la entrada. La llamada de atención por la cámara fotográfica. No voy a utilizarla– dije, convencido de que no lo haría. El espacio majestuoso como siempre, la arquitectura maravillosa del patio principal, el escenario sin complicaciones, el juego de luces, el Fondera de Wooten... Y –believe it or not– una ausencia de público bastante desconcertante.
Caminé por la parte de abajo (la zona de los boletos caros) y saludé a varios amigos. Más tarde subí las escaleras para saber cuál era mi lugar. Maravilloso: una pinche columna interponiéndose entre mi visión y la parte central del escenario. Pues ni modo, estaré de pie, pensé. Volví a bajar para seguir saludando amigos y conocidos. Recibí una llamada al celular preguntando si ya había comenzado el concierto. Respondí que no y que pensaba que no comenzaría muy puntual, porque no había demasiada gente. Afortunadamente esa situación cambió con el tiempo.
8:15 P.M. Encontré al cuñado de un amigo y me dijo que él también estaba en la misma sección que yo; cuando dieron la tercera llamada, nos apresuramos hacia nuestros lugares. A la mitad de la escalera, con las luces apagadas y la emoción de escuchar las primeras notas, le dije: ¿y si nos quedamos parados abajo? La seguridad nula. Las divisiones físicas prácticamente imaginarias. Me contestó que sí. Nos quedamos de pie detrás de los asientos de mediano precio. Las primeras notas del bajo se escucharon cálidas y reconfortantes. Reconocí la base, aunque a decir verdad, no conozco el nombre de ninguna de las canciones...
Dos rolas más tarde uno de los encargados de ayudar en la organización del evento nos dijo: no pueden estar parados. Allá hay lugares. Señalando espacios en la primera sección. Nos volteamos a ver. Bueeeeeeeeno. En un insólito acto de gandallismo involuntario nos sentamos en las primeras filas mientras la música fluía masajeando el alma. Luces, flashes, sonido y desorganización. Personas llegando media hora tarde al concierto. El pinche detector de metales organizando una síncopa muy mal sincopada. Pero... aunque molesto –muy, de hecho–, la verdad es que no importaba un carajo. Bela Fleck, Victor Wooten, Jeff Coffin y Futureman nos llevaban de la mano al limbo.
Si bien siempre he reconocido en Victor Wooten a un gran bajista, con una técnica impresionante, siempre había dejado mucho que desear para mí; no terminaba de convencerme pues. Y si bien me gustaba Bela Fleck, tampoco pensaba cortarme las venas si no era posible asistir al concierto. Y lo cierto –valga el ripio: concierto cierto– es que las grabaciones de Bela Fleck y los Flecktones, no le hacen el menor favor a la banda. Aquí sí que cabe aquello de que "la música viva siempre es mejor". Dar detalles del concierto en sí; de la maestría de los ejecutantes, de la potencia del ritmo, de la belleza y la magia de las melodías, es algo que va mucho más allá de las palabras y por lo mismo ni siquiera voy a intentarlo. Sólo sé –y lo sé muy bien–, que el 13 de noviembre del 2008 en el Museo de San Pedro, Dios decidió abandonar el cielo y se plantó en el escenario dispuesto a tocar para nosotros.
Demos gracias a dios...
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