martes, 11 de noviembre de 2008

Ese otro mundo allá lejos...

Después de dos meses en espera de pagos; que merced a la crisis mundial siempre están programados para mañana, mis ganas de escribir están tan ausentes como las de levantarme en estos días en los que comienza a sentirse el frío. Si bien en otras épocas padecí situaciones similares (falta de dinero, la incertidumbre del futuro), mi forma de manejarlas ha cambiado con los años. En el fondo me estoy haciendo viejo y por lo mismo menos contestatario. Es curioso como dentro de los jóvenes –o no tanto– aspirantes a lectores ávidos o poetas malditos en potencia, la sordidez o la decadencia suelen estar empatadas con la buena literatura. La verdad es que a estas alturas del partido; tratando de vivir en la medianía, difícilmente quiero sentirme como en aquellos momentos extremos –en los que al borde del precipicio–, el mejor de los escapes era sentarme a exorcizar mis demonios.

La vida acompañada de ron, una cajetilla de cigarros y algún procesador de texto.

No es que me arrepienta de esas historias; de ninguna manera, simplemente ya no tengo ganas. Y sin embargo, cuando aflora este sentimiento de vaca rumbo al matadero y total indefensión, me pregunto cuál de las dos facetas sería la menos pesimista. En el fondo en los momentos de desesperación, arrobándome al vacío, mi necesidad de creación solía proporcionarme cierto alivio. La catarsis en pleno. Pero ¿y ahora? Qué opciones me quedan más allá de levantar el teléfono nuevamente para escuchar una respuesta que siempre será la misma: esta semana seguro... El punto es que desde antes del 4 de noviembre quería escribir sobre Obama y las esperanzas alrededor de los líderes (aquí en México, caudillos); después del 4 quería escribir sobre México y la creación de mitos (la mitología del compló) y antes aún quería escribir sobre ese nuevo corsario en mi vida llamado Captain Morgan o aquel grupo jalisquillo que pasa a llamarse Elan... Pero simplemente esta sensación de desamparo y desasosiego me embota el cerebro, asesina mis ganas y no me hace sino pensar en esos próximos cuatro días en Manzanillo; en recostarme en la playa y en estar junto a Grandota Banana (no es albur), tomarme una caguama y pensar que sólo existe ese otro mundo allá lejos, tan vivo como irresponsable, de compartir, departir y atragantarse de vida, pláticas, textos, personas y arte...

2 comentarios:

Nelson Diaz dijo...

Profundas tus reflexiones hermano... nuevamente mis felicitaciones por tu blog.. Exitos

Anónimo dijo...

A mí definitivamente me alivia (escribir, beber, dormir, sacar fotos...) en la playa. Llevo ya casi 4 acá y no siento las mínimas de regresar. Tal vez debieras intentarlo...