jueves, 12 de febrero de 2009

Señales de Vida (Un punto de vista subjetivo)

Ésta es una historia bastante vieja -y quiero creer que bastante leída- de los inicios del Hongo Psilocybe Mexicana (un grupo del que formé parte durante más de 10 años; actualmente en hibernación). Pese a que muchas personas ya han leído este texto, estoy consciente de lo mucho que me agrada; por lo mismo, se los comparto.

“Hope is a letter that never arrives
delivered by the postman of my fear”.
- Edward Kowalczyk. Tired of “me”.
Live. Mental Jewelry.

“From the pain come the dream
From the dream come the vision
From the vision come the people
And from the people come the power
From this power come the change”.
- Peter Gabriel. Fourteen Black Paintings .
Us.


I

Año 5754 del calendario judío.
Nahui tochtli en el mexica o algo parecido quizá.
1994 del gregoriano en resumidas cuentas.
Rebelión indígena en Chiapas, la despedida del sueño primer mundista merced a un Tratado de Libre Comercio en el que muchos parecían creer, elecciones, asesinatos políticos, rumores, complot, narcotráfico, una nueva mujer en mi vida que responde a un nombre del pasado: Illiana.
México, despierta, camina.
La historia para mí continúa igual: guitarra y bares. Unos cuantos boleros, Chava Flores y otro tanto de rock (fundamentalmente urbano). La obligación de ser anfitrión y payaso frente a un montón de personas que significan nada para mí y que –dicho sea de paso– les importa una madre mi trabajo. El dinero no es mucho, pero suficiente para vivir.
A mediados de año coincido con Juan Carlos Briones en una tocada de rock donde ambos nos presentamos. Su grupo se desintegra, el mío –por el contrario–, pretende sobrevivir a un parto complicado.
No lo hará.
Platicamos sobre formar una banda libre de prejuicios musicales y profundamente experimental. Codificar con notas los excesos, reventar las palabras. Posteriormente vendrán tres o cuatro llamadas telefónicas con vagos resultados.
Pese a todo, es un comienzo.

II

Illiana se muda a mi casa en busca de compañía, las hojas del calendario no habrán cambiado de mes cuando se vaya.
Siguiendo mi comportamiento patológico alrededor de los nombres, invito a otro Juan Carlos –de apellido Berdón– a integrarse al grupo provisionalmente. Él continúa siendo guitarrista del grupo que dejé: Tutela Apagana. La libertad casi anárquica de la música que ejecutamos terminará por unirlo a nosotros irremediablemente; al menos durante un tiempo.
Los bares; en ocasiones llenos, en otras no, se pueblan de murmullos mientras canto. Es por dinero que me he acostumbrado a esto, nada más.
La música del grupo comienza a definirse: rock progresivo. Cambios rítmicos y armónicos que nos conducen (evolucionan) hacia lo inesperado. Lo impredecible del placer. Ensayos que se prolongan por cuatro o cinco horas, hasta que nos vence el cansancio. Una terapia suficiente.
Illiana regresa a su casa, mientras la costumbre me hace seguir durmiendo del lado derecho de la cama.

III

El 15 de septiembre de 1994, una –todavía– efervescente escena roquera poblana, contemplaría el nacimiento del grupo Hongo Psilocybe Mexicana a la vida pública. Unas cincuenta personas aproximadamente, escucharon sonido, silencio e inclusive consignas políticas que identificarían a la banda los siguientes dos años.
El cuestionamiento ideológico por los acontecimientos recientes era una de mis preocupaciones constantes: ¿Tiene un grupo de rock necesidad del compromiso? ¿Es sólo música y diversión? ¿Transforma? ¿Redime? ¿Será porque lejos del activismo real, ellos (público) y yo (músico) tenemos pocas ideas en común? ¿Sirve de algo?
En oposición, nuestra postura musical no parece mostrar conflicto: somos un buen grupo que gusta realizar obras complejas, por el placer de la música y la ejecución; en otras palabras, intentamos transgredir el espacio de la autoindulgencia, la fama y el éxito en busca de otro más importante: la satisfacción personal. El éxito; si llegara a darse, debe ser consecuencia directa de esto y no por el contrario; creencia importante desde mi punto de vista.
¿Estaremos de acuerdo los tres?

IV

Psilocybe Mexicana: Nombre científico de los hongos alucinógenos de la región de Huautla de Jiménez, Oaxaca.
Los alucinógenos producen en la mente del individuo que los consume, una alteración de la percepción de su entorno, ¿acaso la realidad misma? Magia y religión. Sincretismo. Enteógenos. La carne de los dioses, en palabras de Gordon Wasson y en traducción libre.

V

Lo curioso del fenómeno Hongo; de la experiencia alrededor de la creación musical, son nuestras personalidades, entorno y por ende, problemática disímbola que tiene un punto de convergencia: la música. Reflejo de ángeles y demonios, miedos y esperanzas, gustos particulares por el progresivo, el jazz, el metal e inclusive el new age. La consecuencia de esta amalgama singular, y por lo mismo extraña, carece de importancia en el conjunto por la unidad que prevalece. Existen –desde luego- influencias reconocibles e innegables, que sin embargo producen una expresión muy nuestra. Premisa sencilla: experiencia y asimilación.
Explosión.
Implosión.
Improvisación.
Alabada sea.

VI

La experimentación musical trasciende en ocasiones las fronteras, es entonces que el cuerpo; vasija y recipiente de la persona, del alma –dirán los místicos–, se transforma en laboratorio, y el individuo –consciente o inconscientemente– se lanza al vacío, se abisma en los laberintos del subconsciente en busca de respuestas o abandono, de la felicidad o el dolor.
Juan Carlos Berdón excedió los límites –y en cierta forma–, se autoexcluyó de la banda.
Y vuelta al oscurantismo, a la época metodista y medieval.
Por esas fechas me invitan a participar en un grupo de covers. Harto de la rutina de trovador solitario y en busca de pesos extra, decido aceptar. Juan Carlos Briones forma un grupo versátil (chunchaquero pues), de esos que amenizan las fiestas.
Presiento el ocaso.

VII

En Strata (mi nuevo grupo y proyecto paralelo al Hongo) conozco a Olinto Montiel, guitarrista casi legendario en Puebla –como sabré más tarde–. Después de algunos ensayos; en los que la timidez va cediendo para mostrar nuestras verdaderas máscaras, quedo sorprendido por su habilidad y buen gusto, así como su capacidad para los solos kilométricos. Durante las presentaciones en vivo, todos nos preguntamos –en el más hermético silencio–, el momento en que los concluirá. En esos tiempos no imaginaba aún la de historias que el destino nos deparaba juntos.
La crisis del Hongo es evidente, Berdón no responde a nuestros llamados y; cuando lo hace, esperamos durante horas en vano. Planeamos grabar las canciones caseramente y buscar un nuevo guitarrista; sin embargo, la situación que prevalece, nos hace pensar en imposibles.

VIII

Mi nuevo amor, además de amiga, confidente y apapachadora formidable cuando la situación lo amerita, se hace llamar Darine. No deja de sorprenderme mi celibato de prácticamente un año, a pesar de la certeza de que nunca ocurrirá un contacto sexual entre nosotros; sin importar el número de mis erecciones.
De alguna manera u otra, la soledad, la desolación, se extiende a todos los momentos que no estoy junto a ella o tocando con una banda, situación por demás común durante esos días. El alcohol fluye constantemente por mi torrente sanguíneo, la depresión tiene visos de volverse crónica. Afuera llueve. Por las noches y hasta muy entrada la mañana, escribo una novela autobiográfica a manera de psicoanálisis. Carezco de amigos o por lo menos, los siento lejanos.
El vacío me carcome.

IX

Un amigo nos comenta que hay posibilidades de ir a tocar a Cancún con Strata. Diciembre de 1995. Sonreímos. Habituados a los espejismos de la vida diaria que enfrenta un músico, necesitamos hechos. Un mes más tarde recibimos la confirmación. En cierta forma el caribe representa tres cosas para todos: dinero, mujeres y una playa maravillosa; probablemente en ese orden.
El desengaño vendrá más tarde.
Hablo con Juan Carlos. Nuestro guitarrista y amigo continúa desaparecido. El dinero, la oportunidad; nos veremos a mi regreso.
Un día antes de partir abandono mi celibato por unos senos pequeños y unas nalgas maravillosas. Inolvidables. A ritmo de bolero y Luis Alcaraz: Bonita como aquellos juguetes...
Mi estancia caribeña se prolongará por siete meses.
El Hongo duerme.

X

Cancún: Lugar de serpientes.
Ciudad hostil.
Tierra de nadie.
País sin brazo.

XI

En septiembre de 1996; después de cantar merengues, reggaes y cumbias en un barco durante mi estancia cancunense, recibo la llamada de unos amigos con los que formé –años antes– una sociedad bastante disfuncional, para instalar equipos de audio. Requieren de mis servicios.
El Hongo se agita.
En octubre reactivo el contacto con Juan Carlos. Me comenta su experiencia con una banda llamada La Mamá de Adán, de reciente desaparición. Le pregunto si sabe algo sobre Berdón. Continúa en problemas. Rescatamos algunas cintas prácticamente inaudibles y me comunico con Olinto. No está seguro, quiere dejar la música. Cuando por fin se decide, nos habla del grupo como un pasatiempo. Aceptamos la apuesta.
El Hongo se agita.

XII

El diálogo entre Darine y yo se ha perdido con la distancia y el tiempo; asumo con resignación y felicidad el personaje: soy un Hongo.
Olinto ingresa al grupo. Su estilo es –definitivamente– muy distinto al de Juan Carlos Berdón, distorsiones fundamentadas en acordes (musicalmente más amplias en su color y textura) y un pensamiento armónico más estructurado. Trae consigo una maleta de ideas para modificar las rolas; necesita –por otro lado–, cierta concreción de nuestra parte para secciones sumamente volátiles de nuestra etapa anterior. La música comienza a adquirir una dimensión distinta, sin perder su espíritu progresivo: se renueva. El acoplamiento es natural, parece que los tres lleváramos años tocando juntos.
La reaparición del grupo tiene lugar el 11 de noviembre de 1996 en un bar de Cholula de nombre Cartujos. La respuesta, más que cálida, es reconfortante. Olinto queda sorprendido, ya que el tipo de música no goza de la aceptación popular por estos rumbos. Ahora no es sólo un pasatiempo, está con nosotros.

XIII

Después de varias pláticas intensas donde discutimos acerca de la inclusión de otros dos miembros, un vocalista y un tecladista, llegamos a la conclusión que podemos lograr un trabajo interesante a nivel vocal sin la inclusión de alguien más en la banda. Por otra parte, el teclado representa la oportunidad de enriquecer armónicamente el trabajo del grupo y proyectar ciertas atmósferas que creemos necesarias para el mismo. La decisión: esperar hasta encontrar un personaje capaz de cumplir con nuestras expectativas y que no dé muestras de ser un tipo conflictivo.
En diciembre de 1998 lo encontramos.
En Fugazzi Rock Bar, un lugar pequeño -para escasas cien personas- tuvo lugar un concurso al que fuimos invitados como jurado. La banda: Santo Carvernícola, misma que nos causó una grata impresión, al ejecutar lo mismo covers de Frank Zappa y Vandergraf Generator, que música propia con muchos matices del progresivo de los años 70. Al terminar la eliminatoria platicamos con el tecladista: Marco Castillo y el proyecto se pone en marcha.
Más tarde diremos –aseguraremos– que el Hongo se revitaliza.
Yo, merced a lo disfuncional de la sociedad con mis cuates, he decidido engrosar las filas del desempleo. Espero en un futuro próximo encontrar trabajo. Los pasos de mi casero me producen escalofrío.

XIV

Abandonando la idea romántica de la transformación del mundo por unos cuantos acordes y palabras, y asumiendo que el cambio es una decisión implícita y decididamente personal, debo aclarar que las frases y notas persiguen algo: la necesidad de expresión – equivocada o no– de cuatro individuos con un instrumento en la mano. Valgan las obviedades. La decodificación y asimilación del mensaje no son nuestra responsabilidad, aun cuando en ocasiones coincidan con nuestros puntos de vista. Lo cierto es, que lo expresado en las letras y música del grupo corresponde a una visión subjetiva y particular del mundo, por más acertada que esta sea. Sonrío al afirmarlo. El hecho concreto es que el Hongo hace música, lo demás entra en terrenos de la psicología, sociología y academia en general, incluida la de Hollywood por supuesto.
Necesitamos proyectarnos, no por cuestión de ego, sino porque creemos en la música como una opción de vida que; presa de una sociedad mercantilista, necesita comercializarse.
Desafortunadamente.
Nuestra mirada, aun asumida desde el punto de vista del arte, lo necesita. Creemos en esto y esperamos la llegada del milagro. Tal vez mañana, tal vez...

XV

Por más que intento disuadir a mi casero para que me espere un mes más con la renta, me pone un ultimátum: primero de marzo. Lo que gano con el grupo es una bicoca, a lo mucho me alcanza para cerveza y cigarros. El dinero para mi supervivencia lo obtengo de “frilancear” para agencias de publicidad. De cualquier manera, muy a pesar de las estadísticas gubernamentales, el trabajo escasea. Quizá podría emplearme tiempo completo en un grupo de fiestas, quizá también colocarme en alguna chamba relacionada con mi carrera , tal vez –sin caer en melodramas– podría trabajar en el Servicio de Limpia Municipal o dedicarme a vender periódicos.
Pero carajo, soy músico.
Y más que eso, quiero vivir de mi música, no de contar chistes y disfrazarme para animar a la gente. Creo en los artistas y en el arte, sobre todo en el del encueramiento.
Hago algunas llamadas a los amigos en busca de un préstamo.
Nada.
Ninguno cuenta con dinero extra por ahora. Faltan tres días para la conclusión del mes. Por alguna razón recuerdo a Dylan: “Para vivir fuera de la ley hay que ser honesto”.
Un grupo, más que de leyes, se forma de lealtades. Cual vil mosquetero deambulamos por la vida mendigando, en espera de una oportunidad, de que las puertas no se cierren, del mecenas que se fije en nosotros.
El grupo, muy a pesar de todos estos problemas continúa adelante, hemos terminado de montar el repertorio con Marco y al parecer –como siempre– hay buenos proyectos en puerta. ¿Se concretarán?
¿Por qué el rock está hecho de quimeras?

XVI

Recibo una llamada desde Guadalajara, es mi amigo Miguel Ángel Guerrero Gloria (alias "el Gordo"), me ofrece trabajo supervisando una campaña de publicidad para una fábrica de leche (la cual quebrará tres años más tarde). El sueldo está muy por arriba de lo que he ganado en cualquier momento de mi vida; me dice que por tratarse de mí, puede conseguirme hospedaje y comida gratis durante tres meses, incluso puede pagarme un par de viajes ida y vuelta hacia Jalisco. Tengo poco tiempo para decidirme. A lo mucho una semana.
Pienso en el casero.
En mi grupo de rock.
En todas las privaciones por las que he pasado, por mi necedad alrededor de lo mismo.
¿Me pregunto para qué demonios estudié una carrera?
¿Si valió la pena tirar tanto dinero a la basura?
Y pienso que estoy solo y me estoy volviendo viejo. Que si el día de hoy quisiera medianamente establecerme, no tengo manera de hacerlo. ¿Qué clase de responsabilidades puedo asumir, si soy incapaz de hacerme responsable por mi persona? ¿A dónde chingados voy? ¿Qué me dieron?
¿Soy coherente o estúpido?
¿Soy honesto o cobarde?
¿Le tengo miedo al mundo?
Me escucho diciendo: No tienes una idea de lo que agradezco tu propuesta... En realidad necesito el trabajo, pero sé que lo dejaría pronto y no puedo hacerte eso... No'mbre gracias... Espero que pueda quedar la puerta abierta... El rock mano, el rock...
A veces ni yo mismo lo entiendo.

Puerto de Veracruz- Cholula.
31/12/98 al 20/9/99.