"Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación, Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: Se alquila paraíso en ruinas".
Armisticio, Juan José Arreola.
Es complicadísimo escribir cuando se carece de las ganas; todo lo es cuando nos faltan (las ganas por supuesto)... Éste es el tercer intento por iniciar el principio del fin; el epitafio de buena parte de mi historia. Las decisiones más descabelladas tienen que ver con este proyecto de vida que me llevó a rechazar trabajos con sueldos atractivos o atractivos trabajos con sueldos quizá medianamente buenos. Es curioso, pude haber trabajado con Parmalat durante dos o tres años y en este momento me encontraría en la penosa necesidad de buscar empleo nuevamente, a los 36, sin un título universitario y con el conocimiento de ciertas cuestiones que ningún papel avala. Es posible que las decisiones hayan sido tomadas por la razones correctas y mi vocación de cazador de sueños es la mejor opción que tengo. Debo reconocer sin embargo que no he sido demasiado exitoso persiguiendo quimeras; probablemente porque la medida del éxito, según corresponde a mi visión particular del mundo y la vida, no es muy similar a la que posee el común de la gente. Eso y porque es obvio que no tengo una perspectiva muy clara de qué es lo que debo hacer cuando le doy alcance a alguno de mis fantasmas. Estoy convencido, a pesar de lo complicadas o extrañas que puedan parecer a los ojos de los demás mis luchas personales, me siento particularmente a gusto con el recuerdo que guardo de las mismas.
El 15 de septiembre de 1994 Hongo Psilocybe Mexicana hizo su primera aparición pública en casa de mi cuñada (en aquel entonces simplemente una conocida para mí), el lugar se llamaba Señora 4 Conejo, fecha de recolección o siembra dentro del calendario azteca, según me dijo un amigo antropólogo tiempo más tarde. El cartel de bandas para el evento era extenso; si no me equivoco se trataba de unas diez agrupaciones, de la mayoría he olvidado el nombre. Además de las bandas —entre las que figuraba Druidas— hubo un performance en el cual participó Enrique Bermúdez, connotado encueratriz y performancero poblano de aquellos tiempos. Mi cuñada me platicó posteriormente, que la única petición que le hicieron a Enrique fue: por lo que más quieras, por tu mamacita santa y el osito Bimbo, no te encueres, porque mis papás están aquí... Enrique respondió que no lo haría; por supuesto que no cumplió la promesa y no sólo se encueró él y su séquito, sino que terminaron orinándose los unos a los otros, después de romper el ciclorama (pues la desnudez, para efectos de no escandalizar a la sociedad poblana, ocurría detrás del mismo). El show desde luego, fue sumamente controvertido y quiero pensar que divertidísimo para los presentes, a pesar de que los organizadores estuvieran a punto de sufrir un colapso nervioso. Yo no pude presenciar el espectáculo porque nos estábamos preparando para salir a escena. Eran los años de Juan Carlos Berdón en la guitarra —ese individuo que decidió irse porque la vida carecía de sentido y se había vuelto demasiado triste—. Berdón fue un pilar importantísimo dentro de la banda y sus ideas creativas y capacidad en la interpretación ayudaron a que —de alguna manera u otra— Hongo se convirtiera en una especie de grupo de culto dentro de Puebla; eso sí, con muy pocos seguidores... Eran los tiempos del maquillaje, los mallones de licra o las vestimentas neojipis, el descubrimiento, el discurso político detrás de la música apoyando al movimiento zapatista o mostrando mi (¿nuestra?) inconformidad con el gobierno en turno. Eran los años —me parece verdaderamente increíble— de la segunda Illiana, de Claudia Smiles-fan-amiga y faje de ocasión después de aquel truene. Eran los días en los que —sin pensarlo— todavía me sentía muy joven y pensaba que al termino del concierto alguna mujer despampanante se acercaría a mí con intención de llevarme a la cama; lo cual sucedió en muy pocas ocasiones y por regla general, las mujeres no tenían nada de despampanantes; en realidad eran feas... Disculpando mis memorias si es que alguna no lo fue.
Concluir, explicar, extrapolar mis sentimientos sobre lo que fue el Hongo a lo largo de diez años, resulta doloroso e implacable; imposible también: no me sobran las palabras para hacerlo; muchas me faltan o se me escapan.
Toda agrupación musical es un matrimonio, con la suprema ventaja de que no se comparte la misma cama; bueno, a veces sí, por ejemplo cuando se va de gira a chilangotitlán de las tunas y existen pocos espacios para reposar el cansancio. Por esa misma razón; es decir, lo que se vive y comparte, provoca que la separación sea difícil y triste; la misma decisión de ponerle punto final es verdaderamente complicada, porque uno nunca está seguro de cuál es el momento preciso, el tiempo exacto, a pesar de los signos evidentes de cansancio y hartazgo. Las relaciones de pareja son así. Para mí el Hongo fue más que un proyecto musical, era la vida misma. Sin embargo TODO tiene un ciclo y estoy convencido de que el nuestro ha llegado a su fin. Podría escribir algunas cosas muy sesgadas de mi parte respecto a lo que hicieron o dejaron de hacer los demás integrantes de la banda para llegar a esta decisión —a mi entender el grupo lo componen cuatro personas además de un servidor: Juan Carlos Briones, Marco Castillo, Olinto Montiel y Juan Carlos Berdón (que en paz descanse)—. Cuatro muy buenos amigos —hermanos del alma— con los que he compartido venturas y desventuras; todos hemos dicho cosas muy buenas y muy malas de los otros —como hacen los buenos amigos— y eso es lo que ha logrado que todas esas tormentas personales —algunas terribles— pudieran soportarse. Luego entonces no voy a hacer referencia a la conclusión de este ciclo en función de los demás; simplemente diré que ésta es una decisión personal, unilateral e irreversible y que, el haber estado presentes en un escenario —la cantidad de veces que esto sucedió— me hizo ser uno de los individuos más felices del mundo. Del Hongo me llevo en general buenos recuerdos —algunos imborrables—, como aquella ocasión en que Olinto pasó a recoger nuestro reconocimiento en el cuarto Festival Internacional de Puebla —después de una presentación con Ataraxia— bajo una ovación impresionante que me hizo derramar algunas lágrimas y pensar: coño, qué extraordinario que sus hijas estén aquí y les quede un buen sabor de boca de la terquedad de su padre: la música. Atesoro eso del Hongo y muchas otras cosas más. Las que para otros podrían resultar anécdotas terribles, a mí me parecen divertidísimas y disfrutables, como la ocasión que durante dos días y medio no pude cagar, porque fuimos a un pueblo donde sólo había letrinas (algunas de las cuales tenían mierda en el "bujero" para tirar el lastre) y yo cada vez que entraba decidido a deshacerme de mis residuos tóxicos, no sabía si podría cagar y guacarear al mismo tiempo, pero la simple idea me invitaba a no hacer ninguna de las dos cosas, aunque los espasmos en mi pecho cuando salía corriendo me decían que a punto había estado de regresar el pollo con todo y plumas que me había comido al mediodía. Cuando regresé a mi casa; casi tres días más tarde, tapé el escusado... La mayoría de los malos recuerdos contienen una vertiente similar y el día de hoy me provocan una risa de miedo.
Hoy no existe risa sin embargo y sí resignación. Y es que hoy le digo adiós al Hongo: lo declaro muerto, porque se nos fueron las ganas y esos ensayos interminables en los que tocábamos nada y la música era suficiente para hacernos felices y mejores individuos —pues carecíamos de ánimo para matar al próximo mormón que se atravesara enfrente, así nos hubiera mentado la madre—. Esas ganas se esfumaron; desafortunadamente, vulgarmente, tristemente, melancólicamente a partir de ahora...
Nunca fue mi gran sueño compartir escenario con alguna de esas bandas que son íconos de la escena roquera; sé sin embargo que pudimos haberlo hecho, porque la verdad éramos buenos —siendo lo más objetivo que puedo dentro de mi posición— y algunos de los integrantes de la banda podrían estar tocando con grupos de gran convocatoria y nivel alrededor del mundo. Los madrazos, mandarriazos, chingadazos del Juan Carlos a la batería, independiente de los niveles de sordera que nos provocaron, nos producían un gusto inigualable; qué decir del doctor (Ph.D. en sentimiento musical) Olinto y esas notas que nos transportaban al mismísimo cielo o infierno; el buen gusto de Marco creando esas atmósferas alrededor de la música que hacían que la casa contará con los mejores cimientos; Juan Carlos Berdón creando pasajes musicales perfectamente incorrectos para la tradición musical que resultaban encantadoramente bellos y novedosos. Eso era y fue el Hongo.
La banda no fue, ni ha sido, el mejor grupo de Puebla; aunque comentarios al respecto hubo muchos. Recuerdo con entrañable cariño el de mi buen amigo Víctor —ex Kenny y los eléctricos— “Son la mejor banda de México”. Esas cuestiones, por supuesto, siempre me rebasaron: estaban por encima de mis expectativas. También tuvimos críticos, que criticaban —no valga la redundancia y sí la definición de su labor— las insulsas letras de la banda, cortesía de un servidor —dicho sea de paso—.
No quiero extenderme mucho más (por cierto y sin que venga al caso, estoy escuchando esa rolita ochentera de la Cindy López llamada "Time after time", que me ayuda a seguir escribiendo y darle forma a este epitafio-narración. El coro se repite una y otra vez mientras escribo if you're lost you can look and will find me, time after time).
Espero que logremos grabar ese último y primer disco, para dejar constancia de esta historia. Además de eso, me gustaría hacer un gran concierto de despedida, que podría ser en un lugar como zócalo de la ciudad de Puebla, con músicos invitados, buenas luces y equipo de sonido. En caso de que las condiciones se den, seguro les haré saber la fecha, seguro estarán invitados, seguro el día de hoy es 14 de agosto, seguro son las 6:52 de la mañana (hora de México), seguro tomo un tequila llamado Jarana de 20 pesos, seguro estoy ebrio —aunque medianamente consciente para corregir y revisar la “orografía” de mi texto—, seguro extraño al grupo de antemano.
El rey ha muerto, viva el rey.
Hongo Psilocybe Mexicana.
1994-2004.
Aquí les dejo algunos enlaces que hablan del grupo:
http://www.manticornio.com/rock-progresivo/H/HONGO/hongo.html
http://www.manticornio.com/entrevistas/LOPEZ-Miguel/entrevistaHONGO.html
http://www.manticornio.com/rock-progresivo/H/HONGO/psilocybe-mexicana.html
Estos me encantaron, unos streamings piratas, jaja:
http://songindex.net/lookup/hongo
http://mp3globe.net/music/Mexicana
Por ahí hay algunos enlaces más incluyendo el sitio de la banda, que seguramente nunca terminaré y en donde aprendo a crear hojas de estilo (css), que pueden encontrar buscando en google como: "hongo psilocybe mexicana" puebla rock, con comillas incluidas.
Aquí pueden encontrar toda la música de la banda en versión para descargar, aunque justo es decir que la calidad de las grabaciones no es muy buena, se puede decir que todos son demos:
http://www.hongopsilocybemexicana.com
4 comentarios:
Buen relato, buena banda, lástima que el concierto se quedó en "buenos deseos".
Recuerdo el texto original, cuando enviabas masivos.
Pensé que anexarías algo actual, a la distancia, sería bueno...
C.
Para mi son y seguirán siendo la mejor banda poblana que he escuchado.
Saludos
Es una lastima que el tiempo por fin haya alcanzado el mejor viaje musical que mis oidos hayan escuchado, Gracias Hongo y que lastima que no hayamos podido escucharlos una ultima vez antes dar las gracias y las buenas noches.
Suerte Mike,Toluca los quiere.
Atentamente Leo Lopez
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