martes 30 de junio de 2009

Shawn McDonald

Muchas veces no sé.

Ésta es la peor manera de iniciar un texto, cuando la dudosa afirmación tendría que ser: la mayoría de las veces no sé y por lo tanto me equivoco. Hablando socráticamente: yo sólo sé que no sé nada; lo que sólo quiere decir que dudo.

Soy un músico mediano, un mediano de las medianías. Sé que muchas personas que me conocen pensarían que no, pero en verdad que soy un músico bastante irregular que disfruta enormemente las ideas musicales de todos los demás que no son yo. Este preámbulo viene a colación porque como todos los seres humanos, soy escandalosamente parcial y lo que me gusta me resulta grandilocuente y compartible.

Dicho esto, les comparto la veintiúnica razón por la que me pondría una túnica y bailaría descalzo frente a un millón de serpientes.

Yo no soy ni católico, ni apostólico, ni romano; mucho menos judío o budista, por ninguna aversión particular a las creencias particulares. Y aunque fui bautizado dentro de la tradición cristiana, realmente la única importancia que tiene el señor en mi vida, es su versión histórica. Me interesa, me gusta, me agrada el conocimiento de las religiones. Me resultan escandalosamente interesantes; como lo puede ser el pensamiento griego para los filósofos o los "artistos", los fundamentos de la religión desde el punto de vista del conocimiento. Las tribus de Israel y la convulsa situación actual de Medio Oriente son parte de lo mismo, el Cristo revolucionario no es una teoría de los jipis setenteros sino consecuencia de la visión romana alrededor de un redentor esgrimiendo la bandera de una revuelta social que no comulgaba con la sociedad de esos días.

El caso es que mientras yo no soy un hijo de Dios; desde mi particular perspectiva, a diferencia de muchos otros, no me molesta en lo absoluto que alguna parte de la población lo sea y se sienta así. Hace algunos meses mi madre me preguntaba: ¿pero tú estás en contra de la religión? Le contesté sinceramente que por supuesto que no. Si a alguna persona le sirve o le funciona la figura de un Dios redentor hecho hombre y le ayuda para continuar con su vida, la verdad es que no solamente no reniego de la misma, la apoyo. A decir verdad, me dan una güeva impresionante todos aquellos que están en busca de la negación de la religiosidad por algún tipo de resentimiento social o antropológico. Vamos, si a alguien los Rolling Stones le salvaron la vida y le hicieron ver la luz al final del túnel o si Carlos Cuauhtémoc Sánchez o Miguel Ángel Cornejo les proporcionan la visión fundamental de su mundo, por mí está bien. Chingá; es más, ¿a mí qué me importa? Es cierto que creo, pienso, dilucido, etc, etc, que muchos de los dichosos creyentes son de lo más mierda en el planeta (para ejemplo baste un Bush) y también muchos de los ateos de café son más moralistas que la Virgen María y Víctor Manuel Carreño juntos. Así de contradictorios somos, así de estúpidos. En fin.

Se preguntarán y si no se lo preguntan, a mí tampoco me importa, el por qué estoy hablando entonces de la religión. ¿Existirá una situación que me conduce a ello? La respuesta evidentemente sería un y tiene que ver con aquella mención a la música y mi mediana medianía como intérprete. Y es que he escuchado, después de algunos meses de evitarlo -sin alguna razón en particular- a Shawn MacDonald. Y cuando escucho a este individuo converso; no sé debido a qué razones, pienso que si la espiritualidad tiene los cimientos más básicos en la música y el canto, lo más profundo de la religión encuentra sus razones en alguien como Shawn McDonald; es el mejor de los motivos para formar parte de una secta. Este músico es la mejor razón para formar parte de ese sentimiento de alabanza provocado por la música. Y sí, amo, adoro muchas formas y estilos musicales: desde Homero a Joseph Conrad, desde Mahler hasta Iron Maiden, pero si la religión fuera sólo la música y el canto y si mi necesidad intrínseca fuera la de creer en un Dios, escuchar a Shawn McDonald me convertiría en su discípulo sin necesidad de comprender el mensaje. Yo caminaría cuarenta días por el desierto por el gusto de escucharlo y ayunaría cuarenta días con sus noches y estaría más que dispuesto a hablar con serpientes. Yo escucharía a Shawn McDonald y por primera vez en mi vida y eternamente sería parte de Dios.

Alabado Sea and Take my hand.

Lo olvidaba, Shawn McDonald es un músico cristiano. ¿Cómo no olvidarlo cuando es en realidad un gran músico, sin importar sus creencias?